Rafael Cardona es periodista, cuenta con una amplia y destacada trayectoria en los medios de comunicación y en la función pública. Fue corresponsal en México de la Cadena Radioprogramas Hemisferio de Miami. Reportero del diario LA PRENSA. Reportero de Telesistema Mexicano. Reportero de EXCÉLSIOR. Colaborador de DIORAMA DE LA CULTURA. Colaborador de la Revista SIEMPRE. Jefe de Información de la agencia CISA-Proceso. Reportero del noticiario 24 Horas de TELEVISA. Reportero de EL SOL DE MEXICO. Socio fundador, reportero y columnista del diario UNOMASUNO. Socio y director editorial de la revista MI CIUDAD. Subdirector editorial del diario financiero CENTENARIO. Director de Prensa Extranjera y Relaciones Públicas; Director de Difusión y Director de Información de la PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA durante el gobierno de Miguel de la Madrid. Director de Información del DEPARTAMENTO DEL DISTRITO FEDERAL. Presidente de la empresa consultora de Comunicación e Imagen LUGAR COMUN, S.A. Consejero suplente en las juntas de gobierno de NOTIMEX, EL NACIONAL, PIPSA, IMEVISION, IMER e IMCINE.
Fue socio fundador y director general de la revista ÉPOCA. Conductor del noticiario matutino "Enfoque" del Núcleo Radio Mil. Conductor del programa "Ciudad abierta" en RADIO 13. Se desempeñó como coordinador de asesores de la dirección general del INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL. Director del diario UNOMASUNO. Subdirector del Programa de Agravios a Periodistas y Grupos Representativos de la COMISION NACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS. Asesor del presidente de la CNDH. Es comentarista en el noticiario José Cárdenas Informa, de Radio Fórmula, columnista del periódico LA CRONICA DE HOY y es uno de los miembros más destacados de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión.
Apasionado de la fiesta taurina, buen degustador de los platillos típicos, de la música, de México y lo mexicano, amante pues de la patria y de lo que queda de ella. Posee un humor negro pero refinado, hace uso magistral del lenguaje español y en actitud noble pero sin dejar de hacer gala de su talento innato de comunicador, recurre al comentario chusco para acercarse a los asuntos nacionales, amainando así su depresiva gravedad y llegando a los oídos del pueblo, no sólo de los políticos.
En cuatro décadas de carrera periodística ha pulido su capacidad para seguir sorprendiéndonos y lo mismo habla en sus múltiples columnas en diversos diarios nacionales de las canciones de la Trevi que de la filosofía de Stalin, de las políticas económicas mundiales o de la historia de los corridos y la Revolución Mexicana. Utiliza la metáfora política lo mismo que su equivalente en el argot del México cotidiano que es el albur. Es un cronista urbano por naturaleza, crítico hasta el tuétano. Estricto, agudo, hasta severo. Entendedor de las bellas artes y del folklore, pero también de la tragedia social.
Recuerdo cuando en alguna ocasión en conversación de oficina me narraba la corrida de toros a la que había asistido el fin de semana anterior. Se le iluminaban los ojos cuando describía la algarabía de la afición en la plaza, el traje de luces y la faena casi épica que ofreció el matador. Mientras tanto, yo me quejaba del abuso físico que sufren muchas de las bestias a fin de que puedan ofrecer un buen espectáculo, a lo que –ya sin su sonrisa en la boca, Rafael me contestó: “por eso yo no soy toro”.
También viene a mi memoria cuando me revelaba en avance uno de los párrafos que incluiría en una de sus columnas -era creo, Donato Guerra, que entonces publicábamos en la revista Época de Abraham Zabludovsky y donde Rafael era socio y director general-, y que se trataría de los niños de la calle.
Desde su silla de director levantaba las manos y perdía la mirada hacia arriba para describir los altos edificios de la Avenida Reforma, suplantando la mirada misma de uno de esos tantos niños paupérrimos que tragan fuego y hacen malabares para que alguien les dé un par de monedas en uno de tantos cruceros.
“Sus ojos se asoman al auto con chofer donde una dama joven y bien perfumada baja el vidrio para donarle unas monedas", narraba Rafael. "Su piel fina contrasta con la mano sucia de ese hijo de nadie, ese casi adolescente de arrebatada inocencia que sobrevive en la crudeza violenta de la calle. Solo y sólo a través del cristal es que puede atreverse a saborear los tornados muslos envueltos en medias de fina seda que jamás podrá tocar”.
Así, de poco a poco fui aprendiendo la sensibilidad que Rafael guarda por su ciudad, su capacidad para el análisis y para encontrar la arista oculta en un sinnúmero de temas que a muchos periodistas aun nos pasa desapercibida, sobre una ciudad y un país, -que también es el mío-, donde la opulencia subsiste al lado de la miseria. Rafael Cardona, mi amigo, colega y ex jefe -en ese orden-, recibió esta semana un reconocimiento por 40 años de ejercicio profesional ininterrumpido en radio, televisión, prensa, oficinas públicas de comunicación y en casi todas las áreas imaginables del oficio, incluyendo la caricatura, el epigrama y la fotografía.
El galardón, le fue entregado por el Club Primera Plana con base en la Ciudad de México; pero yo, desde Los Ángeles, le ofrezco este humilde escrito a manera de tributo a su carrera y a su talento.
En esta vida, como sucede también en el periodismo, uno elige el papel que quiere desempeñar. Hay quienes salen victoriosos y quienes terminan derrotados, y aunque también los triunfadores resbalan y caen de cuando en cuando, siempre se distinguen entre el resto, como los ganadores. Por eso, hace muchos años, -utilizando su propia analogía, Rafael eligió ser torero, en lugar de toro.
Fue socio fundador y director general de la revista ÉPOCA. Conductor del noticiario matutino "Enfoque" del Núcleo Radio Mil. Conductor del programa "Ciudad abierta" en RADIO 13. Se desempeñó como coordinador de asesores de la dirección general del INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL. Director del diario UNOMASUNO. Subdirector del Programa de Agravios a Periodistas y Grupos Representativos de la COMISION NACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS. Asesor del presidente de la CNDH. Es comentarista en el noticiario José Cárdenas Informa, de Radio Fórmula, columnista del periódico LA CRONICA DE HOY y es uno de los miembros más destacados de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión.
Apasionado de la fiesta taurina, buen degustador de los platillos típicos, de la música, de México y lo mexicano, amante pues de la patria y de lo que queda de ella. Posee un humor negro pero refinado, hace uso magistral del lenguaje español y en actitud noble pero sin dejar de hacer gala de su talento innato de comunicador, recurre al comentario chusco para acercarse a los asuntos nacionales, amainando así su depresiva gravedad y llegando a los oídos del pueblo, no sólo de los políticos.
En cuatro décadas de carrera periodística ha pulido su capacidad para seguir sorprendiéndonos y lo mismo habla en sus múltiples columnas en diversos diarios nacionales de las canciones de la Trevi que de la filosofía de Stalin, de las políticas económicas mundiales o de la historia de los corridos y la Revolución Mexicana. Utiliza la metáfora política lo mismo que su equivalente en el argot del México cotidiano que es el albur. Es un cronista urbano por naturaleza, crítico hasta el tuétano. Estricto, agudo, hasta severo. Entendedor de las bellas artes y del folklore, pero también de la tragedia social.
Recuerdo cuando en alguna ocasión en conversación de oficina me narraba la corrida de toros a la que había asistido el fin de semana anterior. Se le iluminaban los ojos cuando describía la algarabía de la afición en la plaza, el traje de luces y la faena casi épica que ofreció el matador. Mientras tanto, yo me quejaba del abuso físico que sufren muchas de las bestias a fin de que puedan ofrecer un buen espectáculo, a lo que –ya sin su sonrisa en la boca, Rafael me contestó: “por eso yo no soy toro”.
También viene a mi memoria cuando me revelaba en avance uno de los párrafos que incluiría en una de sus columnas -era creo, Donato Guerra, que entonces publicábamos en la revista Época de Abraham Zabludovsky y donde Rafael era socio y director general-, y que se trataría de los niños de la calle.
Desde su silla de director levantaba las manos y perdía la mirada hacia arriba para describir los altos edificios de la Avenida Reforma, suplantando la mirada misma de uno de esos tantos niños paupérrimos que tragan fuego y hacen malabares para que alguien les dé un par de monedas en uno de tantos cruceros.
“Sus ojos se asoman al auto con chofer donde una dama joven y bien perfumada baja el vidrio para donarle unas monedas", narraba Rafael. "Su piel fina contrasta con la mano sucia de ese hijo de nadie, ese casi adolescente de arrebatada inocencia que sobrevive en la crudeza violenta de la calle. Solo y sólo a través del cristal es que puede atreverse a saborear los tornados muslos envueltos en medias de fina seda que jamás podrá tocar”.
Así, de poco a poco fui aprendiendo la sensibilidad que Rafael guarda por su ciudad, su capacidad para el análisis y para encontrar la arista oculta en un sinnúmero de temas que a muchos periodistas aun nos pasa desapercibida, sobre una ciudad y un país, -que también es el mío-, donde la opulencia subsiste al lado de la miseria. Rafael Cardona, mi amigo, colega y ex jefe -en ese orden-, recibió esta semana un reconocimiento por 40 años de ejercicio profesional ininterrumpido en radio, televisión, prensa, oficinas públicas de comunicación y en casi todas las áreas imaginables del oficio, incluyendo la caricatura, el epigrama y la fotografía.
El galardón, le fue entregado por el Club Primera Plana con base en la Ciudad de México; pero yo, desde Los Ángeles, le ofrezco este humilde escrito a manera de tributo a su carrera y a su talento.
En esta vida, como sucede también en el periodismo, uno elige el papel que quiere desempeñar. Hay quienes salen victoriosos y quienes terminan derrotados, y aunque también los triunfadores resbalan y caen de cuando en cuando, siempre se distinguen entre el resto, como los ganadores. Por eso, hace muchos años, -utilizando su propia analogía, Rafael eligió ser torero, en lugar de toro.
¡Felicidades Rafael!







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