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scrito por Mark hace más de un año | 42 comentarios

Hoy se cumplen setenta años de la expropiación petrolera en México. Es una historia bastante interesante, sin importar nacionalidades. Espero que la disfruten.

La fecha era 1938, Lázaro Cárdenas, el presidente, llevaba varias horas sentado con las cabezas de las grandes empresas petroleras en México. Trataban de llegar a un acuerdo. Unos meses antes, los obreros mexicanos habían efectuado una huelga que estaba paralizando al país. Habían sometido su contrato colectivo, el cual incluía trabajar 40 horas a la semana; y el pago por días no laborados en caso de enfermedad. Las empresas petroleras extranjeras lo rechazaron. La situación era difícil: los automóviles y la industria estaban paralizados por la falta de gasolina.

Cárdenas presentó una alternativa: el síndicato aceptaría 26 millones de pesos en salarios perdidos desde la huelga y aceptarían contrato colectivo anterior. "Y quién garantiza que la huelga termine, usted?" le respondió alguien, en tono sarcástico. "Señores, esta junta ha terminado", respondió, visíblemente molesto por la arrogancia de los empresarios extranjeros. Y así comenzó lo que sería la expropiación del petróleo en México, una decisión que afectaría el futuro de Mexico—para bien y para mal—hasta hoy en día.
El contexto

Conviene pasar brevemente por el contexto histórico de la industria petrolera de capital extranjero. El gobierno pre-revolucionario de Porfirio Díaz favoreció al capital extranjero en esta época, los números macroeconómicos eran espectaculares, pero la realidad es que los trabajadores laboraban en condiciones muy parecidos al feudalismo. Esto llevo a inestabilidad política en el país; lo provocó que estallara la revolución mexicana de 1910.

Las empresas petroleras tenían un poder inmenso, aún en los cinco años que duró la inestabilidad post-revolucionaria en México la producción de petróleo no sufrió revés alguno (a diferencia del resto de la industria que quedó deshecha). Poseían "guardias blancos", que eran grupos paramilitares que no intercedían en la revolución, sino que resguardaban las instalaciones de cualquier intento de sabotear las operaciones. Este poderío se conservó aún después de la revolución.Así que, el 18 de marzo de 1938, Cárdenas hizo una declaración por radio anunciando que se expropiaría la industria petrolera a cambio de una indemnización. Fue la decisión correcta en su momento: los contratos de explotación favorecían enormemente a las empresas extranjeras, los contratos de trabajo no estaban al día con respecto al contexto laboral de la época, y su negación ha negociar estaba paralizando al país. Tres días después hubo una enorme manifestación en apoyo al gobierno, en el Palacio de Bellas Artes se instaló una colecta para que el pueblo asistierá en la indemnización. Se dice que llegaron desde señoras ricas a entregar joyas, hasta las más pobres a donar gallinas. El respaldo a Cárdenas era inmenso.

Las empresas petroleras se fueron, llevándose consigo todo lo que pudieron de las instalaciones; pero la fuga más importante fue la del conocimiento. Les faltaba un elemento importante para la fabricación de gasolina: el Tetraetileno de Plomo.
La búsqueda del aditivo

El Tetraetileno de Plomo fue descubierto en 1921 por Thomas Midgley. Tras la invención del motor a combustión por ignición eléctrica, se generó un problema: las micro-explosiones que se llevan a cabo dentro de los pistones causaban una vibración excesiva en el motor, debido a que la combustión no se llevaba a cabo completamente.La búsqueda del aditivo

El Tetraetileno de Plomo fue descubierto en 1921 por Thomas Midgley. Tras la invención del motor a combustión por ignición eléctrica, se generó un problema: las micro-explosiones que se llevan a cabo dentro de los pistones causaban una vibración excesiva en el motor, debido a que la combustión no se llevaba a cabo completamente.Sabía que necesitaba un aditivo para mejorar la combustión, así que comenzó agregando cosas al azar, desde resina hasta mantequilla, sin éxito. Recordó que veía florecer en la nieve a cierto tipo de planta de color rojo, y pensó (erróneamente) que posíblemente el rojo absorbía mejor el calor. Así que fue a buscar tinte rojo, pero no lo encontró. Compró yodo en su lugar, regresó al laboratorio, agregó unas gotas y el motor vibró bastante menos.

Cuando por fin consiguió el tinte rojo, se dio cuenta que su teoría respecto al color estaba equivocada, pero el yodo lo había puesto por el camino correcto. Tras recorrer la tabla periódica encontró que el mejor aditivo era el tetraetileno de plomo. Y así nació la gasolina con plomo, causando grandes daños a la salud y al medio ambiente. Más tarde Midgley inventaría los CFCs (ese compuesto en los sprays y los refrigeradores antiguos que causa grandes daños a la capa de ozono), asegurando así su lugar en la historia como el hombre que más daño a causado al medio ambiente. No vivió para ver el daño que había hecho a la ecología, pero la inventiva de Midgley ultimadamente lo llevaría a su propia muerte: contrajo polio, dejándolo lisiado y en cama durante años. Para sobreponer sus limitaciones físicas inventó un sistema de poleas para levantarse y darse vuelta sin ayuda. Murió estrangulado por su propio aparato.

Ahora, como los técnicos sabían que necesitaban este aditivo, se reunió a un equipo de 100 ingenieros y científicos, los más destacados del país. Esta historia puede ser apócrifa (la única fuente que encontré fue la Wikipedia, favor de confirmar) pero se dice que, estando cerca de descubrir la formulación del tetraetileno, hubo una explosión en el laboratorio, matando a casi todo el personal. De ser cierto es bastante irónico, porque bien pudieron haber investigado otro aditivo (Midgley encontró varias opciones decentes) y así obtener combustible limpio, pero los ingenieros estaban empeñados en replicar el tetraetileno de plomo.

Rápidamente se formó un nuevo grupo con profesores y estudiantes del IPN y la UNAM (las dos universidades mas importantes en ingeniería del país) y por fin encontraron la fórmula del compuesto. Pero los problemas estaban lejos de terminarse.
Las repercusiones económicas

La expropiación petrolera comprensiblemente causó alarma entre los inversionistas extranjeros, causando fuga de capital y una importante reducción en el turismo internacional. Pero la repercusión económica más importante fue el boycott de Estados Unidos e Inglaterra a la compra de petróleo mexicano y sus derivados.

Cárdenas tuvo mucha suerte al tener el respaldo y la confianza (bien ganada) del pueblo mexicano, aún en los momentos más difíciles. Quince años más tarde, Mohammad Mosaddeq, primer ministro democráticamente electo de Irán intentaría nacionalizar el petróleo, sólo para que fuera derrocado por un golpe de estado financiado por la CIA (esto está bien documentado, no es teoría conspiracionista). El boycott de Inglaterra y EEUU causó grandes estragos sociales y económicos en Irán, lo cual facilitó la aceptación de su sucesor.

La negociación para llegar a una cifra de indemnización aceptable para las dos partes fue difícil. Las empresas petroleras querían ser indemnizadas por el costo de las instalaciones más las reservas de petróleo no explotadas ubicadas en los yacimientos. Querían mil millones de dólares, unos veinte mil millones de dólares de hoy en día (20 billones de dólares en cifras estadounidenses). Por otra parte, el gobierno sólo quería indemnizar el costo de las instalaciones, que calculó en 20 millones de dólares ( 400 millones de dólares de hoy en día) muy posíblemente debajo de su valor real. Nunca llegaron a un acuerdo, así que el gobierno sólo pagó lo que le pareció justo, continuando así el boycott.

Pero un evento trágico pronto pondría el fin al boycott: la segunda guerra mundial. El mundo estaba en guerra, sediento de petróleo, y México estaba en posición de venderlo a los países del Eje. La necesidad de Alemania era tan grande que inventaron un proceso enormemente costoso e ineficiente para obtener combustible parecido al petróleo a partir del carbón, llamado Ersatz, el cual cubrió el 50% de las necesidades de combustible de Alemania durante la guerra. Muy pronto los países olvidaron sus diferencias y compraron gustosamente el petróleo mexicano.
El descubrimiento de Cantarell

Conforme pasaron los años, México se modernizó y—de igual manera—incrementaron sus necesidades energéticas. A principios de los setentas apenas podía cubrir sus necesidades petrolíferas domésticas. Pero todo cambió un buen día en que un pescador de Camarón, de nombre Rudecindo Cantarell, hacía su labor diaria en la costa de Campeche. Notó que burbujeaban grandes cantidades de aceite desde el fondo del mar. Regresó a su pueblo y lo notificó a PEMEX. No tenía idea que lo que estaba reportando era el segundo yacimiento de petróleo más grande del mundo (después de Ghawar, en Arabia Saudita). Su premio: una medalla y el bautizo del yacimiento en su honor. Tres décadas más tarde moriría absolutamente pobre, algo simbólico del boom petrolero que ha fracasado en desarrollar económicamente al país.

Cantarell recientemente rebasó su punto más alto de producción, y se espera que disminuya drásticamente en los años que vienen. Varias décadas tuvimos una fuente inmensa de crudo de buena calidad y de fácil explotación. Hasta la fecha representa cerca del 70% de la producción nacional de petróleo. México está en serios problemas si se termina Cantarell y no se explotan otras fuentes de petróleo, pues los ingresos por petróleo representan cerca de 40% de los ingresos del gobierno. Pero el descubrimiento de Cantarell—después de todo—no fue entéramente benigno para México.
El Mal Holandés

A finales de los 60s los holandeses descubrieron grandes cantidades de petróleo en el Mar del Norte. Lo que parecía una bendición pronto se convirtió en una pesadilla económica: el enorme influjo de divisas hizo que su moneda incrementara en valor, haciendo menos competitivas sus exportaciones en otras industrias. Los economistas denominaron este término el Mal Holandés, el cual puede incluir (y definitivamente aplica en México) un incremento en la corrupción, exceso de subsidios, fuga de talento al sector petrolero, y una falta de diversificación de la economía, haciéndola dependiente del petróleo.

Uno de los pocos países petroleros que ha logrado esquivar este fenómeno es Noruega, el cual toma sólo el 4% de las ganancias del petróleo para el presupuesto gubernamental. México, a comparación, ha tomado de Pemex 110% de sus ganancias (lo cual significa que el gobierno tomó más ingresos que las ganancias reportadas por PEMEX).

¿Qué hace Noruega con el 96% restante? Lo mete en un fondo de inversión. Nada de ese dinero se puede tocar hasta que el petróleo se haya acabado, y nada se invierte en las empresas nacionales. ¿El resultado? Están sentados sobre casi 400 mil millones de dólares ( aumentando día a día), con uno de los índices más altos en de calidad de vida, ingreso per capita, un una tasa de desempleo de sólo 2%. Pero también tiene un precio alto: el treinta por ciento se su salario se va en impuestos. México en cambio es la antítesis de Noruega, toma demasiadas ganancias del petróleo a cambio de pocos impuestos sobre el salario.
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